Alvaro Cunhal: “Las seis características fundamentales de un Partido Comunista”

cunhal punho

Alvaro Cunhal

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El siglo XX será señalado siempre por la Revolución Rusa de 1917, por el poder político del proletariado y por la construcción duradera, la primera vez en la historia, de una sociedad sin explotadores ni explotados.

Se tenían registradas anteriormente insubordinaciones, rebeliones y revueltas, los esclavos, los siervos de la gleba, de las clases explotadas y oprimidas, más en ningún caso esas luchas tenían el objetivo (o siquiera la admisión de esa posibilidad) de construir una sociedad nueva libertadora.

La falsificación de la historiografía oficial, las calumniosas y gigantescas campañas anticomunistas y el renegar del propio pasado por algunos, hace necesario a los comunistas recordar cual fue el significado de la Revolución Rusa de 1917 y la construcción de la Unión Soviética. Aclarar y justificar la afirmación de que se trata del principal acontecimiento histórico del siglo XX y uno de los más destacables de la historia de la humanidad.

Recordar también que, antecedente próximo de la Revolución Rusa, en la Comuna de París de 1871, el proletariado tomo el poder y, dando prueba de un heroísmo de masas, inició la construcción de una nueva sociedad.

Recordar que, en París, capital de Francia, durante 102 días la bandera roja de la clase obrera ondeó desde el asta del municipio. Recordar el asalto de los ejércitos reaccionarios, la monstruosa represión, la masacre de 30 000 parisienses, un total de 100 000 asesinatos, ejecuciones, condenas a trabajos forzados.

Subrayar que, vencida la Comuna de Paris, fue el comienzo de la nueva historia de la humanidad, por ser la alborada anunciadora de la Revolución Rusa de 1917 que inició de hecho el camino de un nuevo sistema social, sin precedentes en la historia. Muchos se olvidan que, a lo largo de medio siglo, ese sistema gano terreno como alternativa al sistema capitalista. Son acontecimientos que quedaran para siempre como referencias y valores de la humanidad en la lucha por su propia liberación.

La edificación del Nuevo Estado, traducida en la consigna “Todo el poder a los soviets de obreros, soldados y campesinos”, significo la instauración del poder popular y un elemento base del Estado y de una democracia “mil veces más democrática que la más democrática de las democracias burguesas”.

En el plano económico, a partir del control obrero, las tierras, las fábricas, las minas, los transportes ferroviarios, los bancos, pasaron a pertenecer al Estado de todo el pueblo, determinando un fulgurante desenvolvimiento.

A la par de las empresas del Estado, se realizó una profunda transformación de la agricultura, con la colectivización agrícola, en la cual los sovjoses (unidades del Estado) y el movimiento koljosiano de masas (cooperativas) desempeñaron un papel determinante.

En el plano social, fueron asegurados los derechos de vivienda, asistencia médica y enseñanza. Fue reconocida de facto la igualdad de derechos de las mujeres. Fueron liberadas del dominio de los grandes señores las instituciones culturales.

La Unión Soviética alcanzo grandes descubrimientos y avances en la ciencia y las nuevas y revolucionarias tecnologías, que le permitieron, a la par del desarrollo económico y social, alcanzar un potencial militar que, durante décadas, mantuvo con respecto a la política agresiva del capitalismo. El que fuera un soviético el primer ser humano en liberarse de la gravedad terrestre y volar en el espacio, ilustra este éxito espectacular.

Es también necesario que no se olvide la contribución que la Unión Soviética dio para el desarrollo de la lucha de los trabajadores y de los pueblos de todo el mundo, para las nuevas revoluciones socialistas, para la conquista de derechos fundamentales por los trabajadores en los países capitalistas, para el desarrollo del movimiento nacional libertador y para, al precio de 20 millones de vidas (en la acción de los ejércitos, en campos de concentración, en gigantescas masacres de poblaciones indefensas), derrotar a la Alemania hitleriana en la Segunda Guerra Mundial, dando la contribución decisiva para salvar al mundo de la barbarie fascista.

No basta, sin embargo, la exposición objetiva y valorativa de estas realidades. Es indispensable, al mismo tiempo, proceder a un análisis critico y autocrítico de los aspectos, hechos y fenómenos negativos registrados.

Es una verdad elemental que la destrucción de la Unión Soviética y de otros países socialistas resulto de una serie de circunstancias externas e internas. No de igual influencia. Pesaron con relevancia factores de orden interno. El hecho de que, en la construcción de la nueva sociedad, se verificó una alienación de los ideales y principios del comunismo, la progresiva degradación de la política del Estado y del partido, en resumen, la creación de un modelo que, con la traición de Gorbachov, condujo a la derrota y a la destrucción.

El modelo, que se fue generando, se tradujo en un poder fuertemente centralizado y burocratizado, en una concepción administrativa de decisiones políticas, en la intolerancia ante la diversidad de opiniones y ante criticas al poder, en el uso y abuso de métodos represivos, en la cristalización y dogmatización de la teoría.

Comprometido el poder político de la clase obrera y de las masas trabajadoras. Comprometida la nueva democracia. Comprometido el desarrollo económico, que está relacionado con la militancia compromiso del pueblo, alcanzó un ritmo vertiginoso en las primeras décadas del poder soviético. Comprometido el carácter dialéctico, creador, de la teoría revolucionaria, que tiene necesariamente que responder a los cambios de las realidades y a las experiencias de la práctica.

El examen, tanto de las históricas relaciones como de los funestos acontecimientos, así como de las experiencias del movimiento comunista internacional, coloca a los partidos comunistas en la necesidad de una redefinición de la sociedad socialista, su objetivo y los elementos básicos de su identidad.

Aunque fue contenido por el campo socialista y por el avance del proceso revolucionario mundial en las últimas décadas del siglo XX, el capitalismo registró un desarrollo que lo llevo a tener, en el fin del siglo, la supremacía en términos mundiales.

Dos factores determinaron esta situación.

Por un lado la desaparición de la URSS y otros países socialistas, el debilitamiento del movimiento comunista internacional y del movimiento de liberación nacional, la regresión de los procesos revolucionarios.

Por otro lado, el desarrollo del capitalismo en las esferas de la producción, de la ciencia, de la investigación científica, de las tecnologías revolucionarias y de la fuerza militar.

De aquí resultó que al terminar el siglo XX, una alteración de la correlación de fuerzas que permitió al imperialismo lanzar una gigantesca ofensiva buscando alcanzar el dominio absoluto en todo el planeta.

En más de tres cuartos del siglo XX, la tendencia general de la evolución fue el avance del socialismo y de la lucha liberadora de los pueblos.

Una inversión de esa tendencia se dió en las últimas décadas del siglo. La alteración de la correlación de fuerzas, hizo posible al capitalismo desencadenar una ofensiva global.

2
La ofensiva imperialista actualmente en curso tiene como objetivo declarado y anunciado, la imposición en todo el mundo del dominio absoluto del capitalismo como sistema único, universal y final.

Es este el significado fundamental de la teoría de la llamada globalización.

Se trata del mayor peligro y de la más siniestra amenaza que afronta la humanidad en toda su historia.

Es cierto que algunos aspectos y elementos del desarrollo objetivo del capitalismo, tendiente a la mundialización, se venían ya verificando. Tal es el caso de la internacionalización de los procesos productivos, de las relaciones económicas y financieras, de la información y la comunicación social, de la creación de zonas de integración económica.

Es también cierto que el imperialismo, en la lucha por la división del mundo, tenia ya como armas a las intervenciones militares, agresiones y guerras.

La ofensiva global del imperialismo sin embargo es cosa diferente.

Teniendo a los Estados Unidos como fuerza fundamental hegemonizante, la actual ofensiva se desenvuelve en todos los frentes.

Son instrumentos de ofensiva económica la creación de gigantescos grupos de empresas trasnacionales, órganos diversos con crecidos poderes de imposición legal de reglas y políticas (FMI, Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial), que se apoderan de los recursos estratégicos de los países más pobres, cortes de crédito, políticas económicas decididas por órganos supranacionales a estados miembros de uniones de carácter federativo, medidas de estrangulamiento financiero y bloqueos económicos buscando forzar la rendición de los países que se opongan a esta ofensiva.

Zonas de integración económica se vuelven zonas de integración política, con órganos supranacionales, ministros supranacionales, sumisión efectiva de los más pobres y menos desarrollados a los más ricos y poderosos.

Este proceso agudiza muchas contradicciones del capitalismo. Tiene, como su elemento, el crecimiento, lo mismo en países capitalistas desarrollados, de áreas sociales viviendo en una extrema miseria y, en países subdesarrollados, pueblos enteros con millones de habitantes muriendo de hambre.

Se agudiza simultáneamente la concurrencia, y se genera la posibilidad de grandes conflictos, entre los gigantescos polos económicos-políticos y entre los países más ricos y poderosos. Entre tanto ( y este es un trazo nuevo, distinto) todos se integran en la ofensiva global.

Significativo de los grandes proyectos y planes es el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI). Según este proyecto, los grandes potentados económicos y financieros podrían, con el apoyo militar necesario, imponer, país por país, las formas de explotación y posesión de los sectores vitales de la economía, el destino de los capitales invertidos y creados y aún la obligación de los gobiernos títeres, de con medidas represivas eficientes, reprimir eventuales luchas y revueltas de los trabajadores y pueblos respectivos.

El AMI es como el proyecto de una carta constitucional del imperialismo en su ofensiva económica y de política global.

Es sabido que el conocimiento de ese proyecto, elaborado con la égida de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, provocó tan vasta reacción e indignación que fue retirado de la consideración inmediata. Más es un hecho que fue guardado para consideración ulterior.

A la par, y en ocasiones como herramienta directa de la ofensiva económica (estrechamente ligada a la acción política y diplomática) está la ofensiva militar, que tiene como instrumentos la dominante superioridad en armamentos, a saber de los Estados Unidos y a la OTAN como fuerza autónoma supranacional, más también dominada y comandada efectivamente por los EEUU.

La ofensiva militar se expresa en ultimátum, bombardeos, intervenciones armadas, abastecimiento y fomento de fuerzas opositoras a los gobiernos democráticos, intervenciones para oponer gobiernos tiránicos y gobiernos fantoches, agresiones y guerras contra países que se oponen valientemente al dominio de los EEUU y de otros países imperialistas, atentados de organizaciones terroristas y acciones militares de terrorismo de Estado.

Crece la monstruosa institucionalización de un tribunal político internacional comandado por el imperialismo para juzgar y condenar hasta a prisión perpetua a destacados defensores de sus pueblos y países.

No se detiene la gigantesca contaminación de la atmósfera, de ríos y océanos por los países más desarrollados y la rapiña y destrucción de recursos naturales de países atrasados, que tiene como consecuencia la destrucción del equilibrio ecológico en vastas regiones del globo.

Todos esos aspectos de ofensiva alcanzan un lugar nunca alcanzado y hacen parte del proceso de integración mundial de las fuerzas del imperialismo en su ofensiva “global”.

Como perspectiva, el imperialismo proclama imparable e irresistible la ofensiva y anuncia, a titulo definitivo, la estabilidad y estabilización final del sistema. En el plano ideológico anuncia la universalización del pensamiento, el fin de las ideologías y el “pensamiento único”.

Más la ofensiva no es imparable e irreversible. Y con aquellas nociones esgrimidas por la propaganda, el imperialismo procura al final engañarse a si mismo. O sea: en su objetivo declarado, de loca ambición, constituir la actual utopía del capitalismo.

Utopía porque, por un lado, el capitalismo, por su propia naturaleza esta roído por contradicciones y problemas que no logra superar. Porque, por otro lado, existen fuerzas que se oponen, que resisten y que, reforzándose, pueden impedir que el imperialismo alcance tal objetivo.

Son ellas:

a) Los países que, como los comunistas en el poder, insisten en el objetivo de construir una sociedad socialista, ahora por caminos muy diferentes.

b) El movimiento obrero, fundamentalmente el movimiento sindical.

c) Los partidos comunistas y otros partidos revolucionarios, luchando con confianza y valentía.

d) La resistencia potencial de los países capitalistas actualmente dominados y explotados por el imperialismo, con pérdida efectiva de su independencia nacional.

e) Nuevos movimientos de liberación nacional.

f) Movimientos en defensa del medio ambiente, contra el poder de las decisiones de los países más ricos y directamente contra la globalización.

Estas son las fuerzas fundamentales para impedir el dominio del imperialismo en todo el mundo. Pero no basta la conciencia de ellos. Es indispensable una acción correspondiente. Es necesario reforzarlas y luchar para que coincidan y convivan.

Tal es el único camino para trabar, dificultar, impedir el avance de la ofensiva del imperialismo y para crear las condiciones que acaben por derrotarlo y determinar un viraje en la situación internacional.

De recordar que el imperialismo no se limita al ataque frontal en sus varios frentes. Procura activamente dividir a las fuerzas que le resisten, minarlas por dentro, conducirlas a desistir de luchar, a la autodestrucción y al suicidio.

En algunos casos lo han conseguido. Más en muchos otros se verifica un reforzamiento, revitalización, creciente influencia e iniciativa.

Importante es difundir, subrayar, valorar los ejemplos que confirman esta apreciación.

3
El objetivo de la construcción de una sociedad socialista de ninguna forma impide, antes implica, que un partido comunista tenga soluciones y objetivos a corto y medio plazo que se propongan como alternativa a la situación existente.

Atención sin embargo. Un análisis de la situación y la definición de una política tienen que partir de realidades básicas del capitalismo, al que corresponden conceptos fundamentales de la teoría revolucionaria del proletariado.

La división de la sociedad en clases, una que explota, otras que son explotadas, la lucha de clases, la política de clase de los gobiernos.

Se trata de la realidad y de los conceptos. Su descubrimiento no se debe a Marx y Engels, sino a economistas y filósofos anteriores. Lo que es nuevo en el marxismo es el análisis de las situaciones económicas y políticas concretas teniendo como base esos conceptos.

Es cierto que, en situaciones prerrevolucionarias y en otras en que se creó un temporal equilibrio de las fuerzas de clase, el poder político, fuertemente condicionado, puede coyunturalmente no conducir una política al servicio del capital. Puede él mismo realizar medidas progresistas de carácter anticapitalista. Son, sin embargo, situaciones excepcionales y de poca duración.

No es el caso de países capitalistas de democracia burguesa. En ellos, el poder político distorsiona las cuatro vertientes de la democracia.

La económica – por la propiedad de los sectores básicos de la economía por el gran capital y la sumisión del poder político al poder económico.

La social- por la explotación y la miseria de los trabajadores y de las masas populares y la concentración de la riqueza en un número limitado de gigantescas fortunas.

La cultural- por la propaganda de la ideología del gran capital, por un sistema de enseñanza discriminatorio para los hijos de la clase trabajadora, por la propaganda de las ideas oscurantistas, por los atentados a la creatividad artística, por la multiplicación de las sectas religiosas.

La política- por el abuso y absolutización del poder y la liquidación de los órganos y mecanismos de fiscalización democrática de su ejercicio, por la alteración inconstitucional de la legalidad y de las competencias de los órganos de soberanía cuando las leyes en vigor se revelan insuficientes para el ejercicio absoluto del poder del gran capital.

Y toda esta degradación se desarrolla con el pretexto de la necesaria estabilidad y del Estado de derecho.

La degradación de la democracia política, trayendo consigo los espectaculares y teatrales conflictos de la chicana parlamentaria, el carrerismo, la impunidad y la corrupción, provoca el descrédito de la política y de los políticos.

En tanto, la política es un actividad necesaria de los comunistas y otro verdaderos demócratas, que son diferentes y mejores en la práctica política y se distinguen de la llamada clase política desacreditada.

Los poderosos medios de comunicación social (periódicos, revistas, radios, televisoras, audiovisuales), propiedades e instrumentos de grandes grupos monopolistas, no constituyen un nuevo poder independiente, como algunos pretenden, son instrumentos del gran capital en liga dominante con los gobiernos.

Siendo la lucha por la democracia uno de los objetivos centrales de la acción de un partido comunista es indispensable definir cuales son los elementos fundamentales de esa democracia.

De un gobierno es exigir la simultaneidad y complementariedad de sus vertientes fundamentales. No basta que un gobierno se afirme democrático. Es necesario que de hecho lo sea.

Es, al mismo tiempo, necesario se defina más concretamente, en cada situación concreta, la democracia por la cual se lucha. En una situación dada, en un momento dado, puede por ejemplo, la lucha por la democracia dar gran relevancia a la lucha por el reforzamiento de los elementos de la democracia directa y participativa a la de la democracia representativa.

Las elecciones son uno de los elementos base de un régimen democrático, más solo pueden ser consideradas así, si se respeta la igualdad y son impedidos los abusos de poder, las discriminaciones y las exclusiones. Si estas condiciones no son conseguidas, las elecciones se tornan en un fraude, un grave atentado a la democracia y en un instrumento de la monopolización del poder, por veces en alternancia, por las fuerzas políticas al servicio del capital.

Una democracia avanzada, por la cual luchan algunos partidos, es definida como un régimen democrático que procede a realizaciones progresistas de carácter no capitalista (como la nacionalización de algunos sectores de la economía y la liquidación de la propiedad latifundista).

Sea de esta forma o de otra, definidos los objetivos de lucha por la democracia en un momento dado, los comunistas no pueden estar, no quieren estar y no estarán aislados.

La comprensión de la lucha de clases, realidad omnipresente en la sociedad como motor de la evolución histórica, no es contraria ni excluye la necesidad de las alianzas sociales y políticas de las clase obrera, de los trabajadores y de su partido con objetivos concretos inmediatos, teniendo en cuenta que el acuerdo y la correlación de fuerzas políticas descansa en la relación y correlación de las clases y estratos sociales. La definición correcta de cuales pueden ser esas alianzas, exige, primero, la contabilidad en concreto de las alianzas sociales objetivamente consideradas, después la definición, cuando sea posible, de la representatividad de tales y tales clases y estratos sociales por tales y tales partidos y de la base social de apoyo con que estos cuentan.

No existen condiciones iguales. Puede haber en tales o cuales países, situaciones económicas, sociales y políticas semejantes. Hay sin embargo diferencias que exigen respuestas diferentes. No hay soluciones ni recetas universales. La copia de soluciones conduce a orientaciones que no corresponden a las exigencias de la realidad concreta.

Grandes descubrimientos científicos y tecnologías revolucionarias están provocando cambios profundos en la composición de las clases trabajadoras en la propia composición social de la sociedad en los países desarrollados. En ellos se torna particularmente compleja la definición de las alianzas sociales, base de las alianzas políticas.

Hay a este respecto, definiciones muy poco claras.

En el cuadro de la política de alianzas, en numerosos países de democracia burguesa, partidos democráticos, a saber partidos comunistas, tienen definido como su objetivo, una política denominada de “izquierda”.

Hay casos en que, en la orientación de esos partidos, esta palabra “izquierda” excluye el apoyo o coparticipación de una política de derecha. Tiene entonces un significado claro y positivo.

Entretanto, en la generalidad de los países la palabra” izquierda”, en el diccionario político contemporáneo, tiene un significado impreciso, lleno de incógnitas, contradictorio, objetivamente confusionista. Al definirse partidos de izquierda, o sectores de izquierda, se incluyen con frecuencia en ese número, además de partidos de extrema izquierda, anticomunistas, partidos socialistas y partidos socialdemócratas que, en su acción política, defienden y practican una política de derecha.

Lo mismo en relación a gobiernos intitulados de izquierda o de la izquierda. Las experiencias muestran que, en algunos casos, la participación comunista en gobiernos de partidos socialistas o socialdemócratas, señalados como de izquierda, han significado coparticipación en la realización de políticas derecha.

Que se defina como objetivo una política democrática en sus cuatro vertientes, que se luche por ella y que no se proclame una política que incluya la participación (o el objetivo de alcanzarla) en gobiernos como son en la actualidad muchos gobiernos que, intitulándose de izquierda, son instrumentos del gran capital, de las trasnacionales, de los países más ricos y poderosos, de la actual ofensiva global de imperialismo buscando su dominio en todo el planeta.

Es también el caso de los llamados pactos de estabilidad suscritos por partidos y organizaciones sindicales reformistas, que sacrifican derechos fundamentales de los trabajadores con la intención de superar la actual crisis del capitalismo.

No es ese el camino que la lucha de los trabajadores, de los pueblos y naciones actualmente exige.

El camino necesario que requieren los partidos comunistas (y otros partidos revolucionarios) se define en la condiciones concretas de sus países. Con convicciones, con valentía y con su identidad comunista.

4
El cuadro de las fuerzas revolucionarias existentes en el mundo se alteró en las ultimas décadas del siglo XX.

El movimiento comunista internacional y los partidos que lo componen sufrieron profundas modificaciones en resultado del derrumbamiento de la URSS y de otros países socialistas y del éxito del capitalismo en la competencia con el socialismo.

Hay partidos que renegaron de su pasado de lucha, y de su naturaleza de clase, y de su objetivo de una sociedad socialista y de su teoría revolucionaria. En algunos casos se transformaron en partidos integrados al sistema y acabaran por desaparecer.

Esta nueva situación en el movimiento comunista internacional abrió en la sociedad un espacio vacío en el cual tomarán particular relevancia otros partidos revolucionarios, que en las condiciones concretas de sus países, se identificaraán con los partidos comunistas en aspectos importantes y por veces fundamentales de sus objetivos y de su acción revolucionaria. El movimiento comunista pasó a tener en movimiento una nueva composición y nuevos límites.

Por eso, cuando se habla hoy del movimiento comunista internacional, no se puede, como una vez se hizo, colocar una frontera entre los partidos comunistas y otros partidos revolucionarios. El movimiento comunista ha de tener en marcha una nueva composición y nuevos límites.

Estos acontecimientos no significan que los partidos comunistas, con su propia identidad, no hagan falta en la sociedad. Por el contrario. Con las características fundamentales de su identidad, los partidos comunistas son necesarios, indispensables, insustituibles, teniendo en cuenta que así como no existe un modelo de sociedad socialista, no existe un modelo de partido comunista.

Entretanto, con diferenciadas respuestas concretas a situaciones concretas, pueden apuntarse seis características fundamentales de identidad de un partido comunista, tenga este u otro nombre.

1. Ser un partido completamente independiente de los intereses, de la ideología, de las presiones y amenazas de las fuerzas del capital.

Se trata de una independencia del partido y de la clase, elemento constitutivo de la identidad de un partido comunista. Se afirma en la propia acción, en los propios objetivos, en la propia ideología.

La ruptura con estas características esenciales en ningún caso es una manifestación de independencia más, por el contrario, es, en si misma, la renuncia a ella.

2. Ser un partido de la clase obrera, de los trabajadores en general, de los explotados y oprimidos.

Siguiendo la estructura social de la sociedad en cada país, la composición social de los miembros del partido y de su base de apoyo puede ser muy diversificada. En cualquier caso, es esencial que el partido no esté encerrado en sí, no este vuelto para adentro, más, si volcado para afuera, para la sociedad, lo que significa, no solo más que antes, que esté estrechamente ligado a la clase obrera y a las masas trabajadoras.

No teniendo esto en cuenta, la perdida de la naturaleza de clase del partido ha llevado a la caída vertical de la fuerza de algunos y, en ciertos casos, a su autodestrucción y desaparición.

La sustitución de la naturaleza de clase del partido por la concepción de un partido de los ciudadanos significa ocultar que hay ciudadanos explotadores y ciudadanos explotados y conducir al partido a una posición neutral en la lucha de clases, que en la practica desarma al partido y a la clases explotadas y hace del partido un instrumento, un apéndice de la política de las clases explotadoras dominantes.

3. Ser un partido con una vida democrática interna y una única dirección central.

La democracia interna es particularmente rica en virtudes señaladas: trabajo colectivo, dirección colectiva, congresos, asambleas, debates en todo el partido de las cuestiones fundamentales de la orientación y la acción política, descentralización de responsabilidades y elección de los órganos de dirección central y de todas las organizaciones.

La aplicación de estos principios tiene que corresponder a la situación política e histórica en que el partido actúa.

En las condiciones de ilegalidad y represión, la democracia es limitada por el imperativo de la defensa. En una democracia burguesa, las apuntadas virtudes pueden conocer, y es deseable que conozcan, una muy vasta y profunda aplicación.

4. Ser un partido simultáneamente internacionalista y defensor de los intereses del país respectivo.

Al contrario de lo que en cierta época fue defendido en el movimiento comunista, no existe contradicción entre estos dos elementos de la orientación y acción de los partidos comunistas.

Cada partido es solidario con los partidos, los trabajadores y los pueblos de otros países. Más es un defensor convencido de los intereses y derechos de su propio pueblo y país. La expresión de partido patriótico e internacionalista tiene plena actualidad en este finalizar del siglo XX. Puede en la actitud internacionalista, incluirse, como valor, la lucha en el propio país, la relación de solidaridad para con los trabajadores y los pueblos de otros países.

5. Ser un partido que define como su objetivo, la construcción de una sociedad sin explotados ni explotadores, una sociedad socialista.

Este objetivo tiene también plena actualidad. Más las experiencias positivas y negativas de la construcción del socialismo en una serie de países y las profundas mudanzas en la situación mundial, obligan a un análisis crítico del pasado y a una redefinición de la sociedad socialista como objetivo de los partidos comunistas.

6. Ser un partido portador de una teoría revolucionaria, el marxismo-leninismo, que no solo hace posible explicar el mundo, sino que también indica el camino para transformarlo.

Desmintiendo todas las calumniosas campañas anticomunistas, el marxismo-leninismo es una teoría viva, antidogmática, dialéctica, creativa, que se enriquece con la práctica y con las respuestas que es llamada a dar a las nuevas situaciones y a los nuevos fenómenos. Dinamiza la práctica, se enriquece al desarrollarse creativamente con las lecciones de la práctica.

Marx en “El Capital” y Marx y Engels en el “Manifiesto del Partido Comunista” analizaron y definieron las características fundamentales del capitalismo. El desarrollo del capitalismo sufrió, sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX, una importante modificación. La concurrencia condujo a la concentración y la concentración al monopolio.

Se debe a Lenin, en su obra “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, la definición del capitalismo en los finales del siglo XIX.

En una síntesis de extraordinario rigor y claridad, un célebre artículo de Lenin indica las tres fuentes y tres partes constitutivas del marxismo.

En la filosofía, el materialismo dialéctico y su aplicación a la sociedad.

En la economía política, el análisis y la explicación del capitalismo y de la explotación, cuya piedra angular es la teoría de la plusvalía.

En la teoría del socialismo, la definición de una sociedad nueva con la abolición de la explotación del hombre por el hombre.

A lo largo del siglo XX, acompañando las transformaciones sociales, nuevas y numerosas reflexiones teóricas tuvieron lugar en el movimiento comunista. Sin embargo, reflexiones dispersas, contradictorias, haciendo difícil distinguir lo que son desarrollos teóricos, de lo que es la actividad revisionista de principios fundamentales.

De ahí el carácter imperativo de los debates, sin ideas hechas ni verdades absolutizadas, procurando, no llegar a conclusiones tenidas como definitivas, pero si para profundizar en la reflexión común.

Es de esperar que el encuentro internacional de la Fundación Rodney Arismendi de septiembre de este año corriente de una contribución positiva para que este objetivo sea alcanzado.
Enviado al Encuentro Internacional “Vigencia y Actualización del Marxismo”, organizado por la fundación Rodney Arismendi de Uruguay en septiembre del 2001 y luego publicado en Resistir: “As seis características fundamentais de um partido comunista”, 1 de julio de 2003.

Traducción al castellano: Partido de los Comunistas, México, diciembre de 2005.

Fuente Original: http://www.resistir.info/portugal/seis_caracteristicas.html

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